Nuestra Fundadora

 

Es importante considerar algunos de sus consejos que nos dejó por escrito y que son un testimonio vivo de su unión con Jesús Eucaristía y una invitación a que los hagamos vida:

  • No basta querer lo que Dios quiere, sino que es necesario quererlo de la manera que Él lo quiere.
  • No hay agudeza ni firmeza tan buena como la sencillez.
  • El corazón mejor custodiado es el que en sólo Dios confía.
  • El que anda sencillamente, anda confiadamente.
  • La verdad que es caritativa, procede de una caridad que no es verdadera.
  • No hay victoria sin combate; ni verdadero amor sin sacrificio.
  • El camino más seguro para la perfección, es amar a Dios, amar al prójimo, despreciarse a sí mismo, no despreciar a nadie.
  • No siempre se ha de decir lo que se piensa; pero siempre se ha de pensar lo que se dice.
  • Si cuidamos de nuestra lengua, cuidaremos de nuestra alma y no tendremos de qué arrepentirnos.
  • Estas cosas hemos de procurar practicar: humildad de corazón, oración y abandono a la voluntad de Dios.
  • El corazón sencillo es libre, porque no se busca a sí mismo, se da sin exigir correspondencia, ama sin reflexionar en los sacrificios que se impone, no busca a las criaturas, porque no son ellas su centro, busca en todo a Dios, su amor, su unión.
  • Dios nuestro señor, no se fija tanto en el que hacemos, sino en la rectitud de intención con lo que los hacemos.
  • La alegría, es como el fruto directo de la sencillez y la rectitud, debe ser también el distintivo de las religiosas Adoratrices.
  • La alegría no solamente redunda en la honra de Dios, sino en provecho del prójimo, persuade a los demás que el servicio de Dios está lleno de dulzura y suavidad.